No hace mucho, estando hablando con un amigo del tema de la guerra civil, y mencionando que aún hoy es posible encontrar un buen número de proyectiles abandonados en el campo me dijo que el tenía uno guardado con parte de la trilita en su interior, de lo cual dudé. Ni corto ni perezoso abandonó el bar si mediar palabra, pensé que lo había ofendido al dudar de él y pensé en ir a buscarlo y pedirle disculpas. Unos quince minutos después lo vi entrar de nuevo en el bar, con una sonrisa en su cara y una bolsa de plástico en la mano. Se dirigió sin prisas a la silla que ocupaba, se sentó y abriendo la bolsa depositó sobre la mesa el resto del proyectil destruido, yo me quedé sin palabras, no por miedo, pues sabia que no causaría peligro, si no por contemplarlo a escasos centímetros. Se acercaron varios curiosos a observarlos y como es lógico salieron varias hipótesis de como y por qué, además del bando que supuestamente lo disparó. Estuvieron un rato con el tema y varias hipótesis eran plausibles, yo solo me limité a escuchar las historias planteadas. Me sorprendió que pesa bastante para ser un trozo de proyectil.

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